jueves, 23 de octubre de 2014

Muhammara. El pariente rojo del hummus.

 Receta modificada y mejorada el 5/12/2014. Hemos modificado la forma de cocinar el pimiento y hemos añadido un par de ingredientes.

"Todo lo que me gusta es ilegal, inmoral o engorda". Esta famosa frase la dijo (creo) Charles Boyer en una vieja película de 1939. Es una buena frase y yo la usé mucho en mis tiempos mozos, para hacerme el interesante e intentar ligar. No puedo decir que me diera buen resultado entonces... Pero esa es otra historia. El caso es que la frase es buena y como casi todas las grandes frases, más falsa que Judas. Esta humilde, recatada y casi dietética receta lo demuestra.


Antes de meternos en faena creo que estoy obligado a hacer una puntualización más que nada por si a algún sirio le da por venir por aquí. Esta receta no es la de la muhammara auténtica, es una versión sencilla (casi insultantemente sencilla) pero con un resultado tan espectacular que sirve para anular totalmente la frase que abre esta entrada. La receta de verdad llevaría sirope de granada que, como no lo he conseguido, pues no se lo he puesto.

Necesitaremos:
  • Dos pimientos rojos.
  • 100 g. de nueces peladas.
  • Pan rallado.
  • El zumo de medio limón.
  • Un diente de ajo.
  • Una pizca de comino.
  • Una pizca de ras el hanut (mezcla de especias de origen magrebí)
  • Aceite de oliva.
  • Sal. 
  • Una cucharada de yogur griego o queso mascarpone.
La cosa es bien sencilla:
  • Quitamos las semillas a los pimientos, los picamos bien finos (mejor con la picadora eléctrica) y los ponemos en una olla a reducir a fuego lento hasta obtener una pasta.
  • Ponemos la pulpa de los pimientos junto con los demás ingredientes en un cuenco.
  • Caña con la batidora hasta obtener una pasta fina.
  • Corregimos la textura hasta dejarla a nuestro gusto añadiendo pan rallado.
  • Dejamos reposar un rato y si es de un día para otro mucho mejor.
  • Y ya está, no hay más complicación. 
 Ojo cuidao.
  • Al igual que el hummus esta es una receta para untar que está deliciosa con pan de pita, pero también podemos usar para "mojar" bastoncitos de verduras: apio, lechuga, zanahoria...
  • También nos vale para alegrarle el día a una pechuga de pollo a la plancha. Que estemos a dieta no implica que nos esté negado todo disfrute culinario.
  • Si no tenemos ras el hanut tampoco nos tenemos que agobiar, si nos da por ahí podemos sustituirlo por una pizca de curry en polvo y si no, pues no se lo ponemos y santas pascuas, la receta también funciona sin él.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Bacalao mozárabe.

Si tus amigos son unos tragaldabas y un día de esos tontos que tienes de vez en cuando les dices, veniros a cenar que voy a preparar un bacalao, ellos aparecerán con el pan (metafórico) debajo del brazo dando por hecho que vas a preparar un bacalao al pil pil. Porque para los amigos tragaldabas el bacalao es al pil pil o no es. Luego los hay más finolis, los que son más de bacalao con tomate. No es mi caso, los míos son de pil pil. El problema es que el pil pil es básicamente aceite aromatizado con ajo y guindilla y emulsionado con la gelatina de la piel del bacalao. O sea, aceite. O sea, una bomba. Y ya no tenemos 20 años.



La receta de hoy es, en mi opinión, una de las mejores recetas de bacalao que existen. Un bacalao digno del mismo Jehová. Es una receta tradicional granadina pero no es demasiado conocida y creedme si os digo que vale la pena conocerla. Esta receta sirve para quedar bien en una cena formal pero como es tan sencilla y tan rápida también vale si lo que queremos es darnos un homenaje y saltarnos la dieta. Porque vamos a ver, no es pil pil, pero la mayonesa también tiene lo suyo y la salsa de tomate, despues de haber conocido al bacalao en el horno, invita a mojar pan.

Necesitaremos:
  • 2 lomos de ración de bacalao desalado.
  • 100-150 ml. de mayonesa.
  • 1 cucharada de las de postre de miel.
  • 10-12 pasas hidratadas.
  • 10-12 cacahuetes crudos pelados.
Para la salsa de tomate:
  • 4 tomates rallados o triturados.
  • 1/2 pimiento rojo.
  • 1 zanahoria.
  • 1 cebolla.
  • Sal.
  • Azúcar.
Y ahora la preparación.
  • Empezamos preparando la salsa de tomate que será lo más laborioso.
  • Picamos la cebolla y el pimiento y los ponemos a pochar en una sartén con un chorro de aceite de oliva.
  • Cuando la cebolla y el pimiento estén blandos añadimos el tomate, corregimos la acidez con una pizca de azúcar y sazonamos.
  • Dejamos cocinar unos 20 minutos a fuego suave y cuando esté listo lo trituramos todo para conseguir una salsa fina.
  • Mientras tanto marcamos en una sartén los lomos de bacalao ligeramente enharinados
  • Extendemos la salsa de tomate en el fondo de una fuente apta para horno o una cazuela de barro.
  • Disponemos los lomos de bacalao sobre la salsa de tomate. 
  • Preparamos la mayonesa y le añadimos una cucharada de miel. Mezclamos con suavidad hasta conseguir una salsa homogénea.
  • Cubrimos los lomos de bacalao con la mayonesa y añadimos los piñones y las pasas.
  • Gratinamos en el horno a 180ª hasta que veamos que la mayonesa ha formado una costra dorada.
Ojo cuidao.
  • No hay que pasarse con la salsa de tomate. Se trata de cubrir el fondo de la fuente con una capa de salsa de un centímetro más o menos. ¿Que te ha sobrado salsa? No pasa nada, la guardas y al día siguiente te preparas unos macarrones.
  • Como la mayonesa va cocinada no hay problema con hacerla en casa. Las mayonesas industriales no son recomendables para esta receta. No suelen gratinar bien y se limitan a sudar y encoger dando un resultado tirando a ridículo. La mayonesa casera en cambio hace una costra dorada y adquiere por dentro una textura de mousse de lo más interesante.
  • Los cacahuetes mejor si son crudos, hay que tener en cuenta que luego van al horno.
  • Marcar es dorar ligeramente pero sin terminar de cocinar.
  • Si eres de los que no les gusta la mezcla de dulce y salado puedes eliminar las pasas pero yo no eliminaría la miel, como mucho reduciría la cantidad.

jueves, 9 de octubre de 2014

Brownie de galletas Oreo.

Algunos de vosotros nos habéis dicho (el formulario de contacto, por cierto, está abajo a la derecha) que todo eso de las sopas, los arroces e incluso panes está muy bien pero que todavía no nos hemos marcado ningún postre. Es que veréis, en esta casa no somos muy de postres (codazo codazo, guiño guiño) y a Maite le cuesta ponerse a hacer estas cosas, pero va, ante la insistencia se ha sacrificado por vosotros, se ha metido en la cocina y aquí tenéis este brownie de sabor potente y preparación facilísima.




A primera vista puede parecer difícil, pero si seguimos el proceso punto por punto y con un poco de cuidado, esta es una receta que le sale a cualquiera por poco experimentado que sea. El resultado bien merece la pena. Es un pastel de textura firme pero que no queda reseco. Tiene toda la potencia del chocolate y se deshace en la boca en una auténtica oleada de sensaciones. Vamos, que está riquísimo.



Necesitaremos:
  •  165 g de mantequilla.
  •  200 g chocolate 70% de cacao.
  •  3 huevos enteros y 2 yemas de huevo
  •  1 vaina de vainilla.
  •  165 g azúcar moreno.
  •  2 cucharadas de harina.
  •  1 cucharada de cacao puro en polvo.
  •  100 g de galletas Oreo.
  • Azúcar glass para decorar.
Y ahora la elaboración:
  • Forramos con papel vegetal una bandeja o una fuente aptas para horno. La de la foto mide unos 30 cm. en la parte más larga.
  • Derretimos la mantequilla y el chocolate troceado en el microondas o al baño maría, removemos para mezclar bien. Reservamos.
  • Ponemos los huevos y las yemas en un bol grande, vaciamos la vaina de vainilla y batimos con las varillas hasta que doblen el volumen. Durante el proceso de batido iremos añadiendo poco a poco el azúcar moreno para que se integre bien.
  • Añadimos la mezcla de chocolate y mantequilla que habíamos reservado y mezclamos bien con movimientos envolventes usando esta vez una espátula.
  • Cuando esté todo bien mezclado añadimos la harina y el cacao en polvo tamizados para que no salgan grumos.
  • Troceamos con las manos 2/3 de las galletas Oreo y las añadimos.
  • Vertemos la mezcla final en el recipiente que habíamos preparado cuidando de que quede una capa uniforme.
  • Troceamos las galletas que habíamos reservado y distribuimos los trozos sobre la masa para decorar.
  • Introducimos el recipiente en el horno precalentado a 180º y horneamos durante 20 a 30 minutos.
  • Desmoldamos y dejamos enfriar sobre una rejilla.
  • Decoramos con azúcar glas, cortamos en cuadrados y servimos.


Ojo cuidao:
  • Durante el proceso de mezclado con la espátula actuaremos con suavidad y mimo para que la mezcla no pierda el aire y se nos venga abajo.
  • El cacao puro en polvo no es Cola Cao ni preparado para chocolate a la taza. El que nosotros usamos es el de la marca Valor y se puede encontrar con facilidad en cualquier supermercado.
  • Si no tienes chocolate de 70% tampoco pasa nada, puedes usar cobertura o lo que tengas por casa pero si te gusta el brownie con un sabor potente, mejor si es de 70% o más.
  • Para vaciar la vaina de vainilla la abriremos con un cuchillo afilado y rasparemos el interior con una cucharilla. 
  • El brownie ideal debe estar crujiente por fuera y ligeramente jugoso por dentro. Para comprobar si nuestro brownie está cocinado, unos minutos antes de que se cumpla el tiempo de cocción le pincharemos con un palillo. El palillo debe encontrar una ligera resistencia para romper la corteza que se habrá formado y salir ligeramente húmedo. En nuestro caso, el tiempo de cocción han sido 25 minutos y el grosor del brownie de unos 2 cm.
  • Este brownie se puede tomar en frío o calentándolo ligeramente en el microondas. A Maite le gusta más caliente y a mí, realmente me da igual.
  • Para acompañar es ideal una bola de helado de vainilla. Nosotros compramos el de vainilla y bourbon del Lidl y está muy bueno.

lunes, 6 de octubre de 2014

Arroz con blanquet y espinacas. Sin caldo.

El arroz, sobre todo el arroz seco tipo paella o arroz al horno, es otro de los escollos que se presentan en la travesía culinaria del cocinillas intrépido e imberbe. Creemos que es difícil, que no vamos a ser capaces, que hace falta una especie de toque divino para cocinar arroz y la verdad, no es para tanto. A esto ha contribuido mucho la mitología de la paella. Si quieres ver a dos valencianos discutir pregúntales cómo hacen la paella: con pollo, sin pollo, con gambas, sin gambas, con pelotas (sí, pelotas), sin pelotas, que si se pasa el arroz, que si se queda corto... En realidad la paella no es una receta complicada, lo complicado es darle el punto al arroz, que quede seco y suelto pero cocido. Es muy estrecha la frontera que separa el plato de perdigones del engrudo de calafatear y es justo en esa frontera donde se encuentra la excelencia del arroz bien cocinado. Hay paelleros (el paellero, o arrocero, es como el cocinillas pero en obsesivo-compulsivo) de chichinabo que te ponen delante un plato de cosas que hacen croc croc al masticar, le echan morro y dicen: no, es que a mi mujer le gusta el arroz enterito. ¿Enterito? piensas tú, a esto le añades un puñado de pólvora y lo tienes que manejar con licencia de armas. O en el otro extremo que te sueltan un engrudo incomible y lo arreglan diciendo que les ha quedado textura de risotto y això és de veres que m´ha passat a mi . De todas formas, debo decir que estos caraduras son los menos. Si algo caracteriza al verdadero paellero es la búsqueda incesante de la perfección. Eso sí, un consejo voy a daros, no se os ocurra criticar a un paellero bueno o malo; no se lo toman bien. Su reacción irá desde la tristeza patética en plan cachorrillo abandonado hasta la necesidad de darte explicaciones y créeme, no quieres que un paellero te de explicaciones.



Como habrás adivinado, oh lector sagaz y previsor, hoy no vamos a cocinar una paella sino un humilde arroz de aquí te pillo aquí te mato que por no necesitar, no necesita ni caldo. El papel del caldo lo va a suplir en parte un preparado a base de tomate asado, perejil, ajo, aceite y pimiento choricero: la salmorreta; y en parte el delicoso blanquet. El blanquet, también conocido como morcilla blanca, es un embutido típico de Valencia y va muy bien para todo tipo de guisos. Nosotros compramos el blanquet en Don Chuletón, una carnicería de Requena. Con el blanquet de Don Chuletón se da una doble paradoja. Requena es tierra de embutidos pero el blanquet no es uno de ellos, sin embargo el mejor blanquet que hemos probado (y con diferencia) lo compramos aquí. Antes de meternos con la receta, decir que está basada en una de El Cocinero Fiel, otro de los grandes cocinillas de internet y al que volveremos a ver por aquí.

Necesitaremos:
  • Un tomate.
  • Un diente de ajo.
  • Una ñora hidratada y sin pepitas o un pimiento choricero.
  • Perejil.
  • Aceite de oliva.
  • Sal.
  • Pimienta.
  • Un blanquet.
  • 150 g. de espinacas frescas.
  • 200 g. de arroz.
  • Agua.

Preparamos primero la salmorreta.
  • Asamos el tomate en el microondas (el tiempo dependerá de la potencia del chacharro), lo pelamos y lo ponemos en el vaso de la batidora.
  • Añadimos la ñora troceada, el perejil picado, el ajo fileteado, aceite, sal y pimienta.
  • Batimos hasta conseguir una pasta homogénea.
Empezamos a cocinar.
  •  Nosotros utilizamos una paellera pequeña para dos personas, la de la foto, pero vale cualquier recipiente similar. 
  • Salteamos el blanquet cortado en tacos. No hace falta poner aceite. Cuando esté doradito, lo sacamos y reservamos.
  • Seguidamente ponemos a cocinar la salmorreta que hemos preparado hasta que adquiera un color entre rojo y granate. 
  • Ahora viene todo seguido. Fuego vivo y
  • Ponemos las espinacas (que previamente habremos lavado y escurrido bien).
  • Volvemos a poner el blanquet.
  • Ponemos el arroz y le damos unas vueltas para que se saltee un poco.
  • Para finalizar echamos el agua.
  • La cocción del arroz son unos 20 minutos (según la marca). Lo ideal es que lo tengamos 8 minutos a fuego fuerte y los otros 12 a fuego suave. Se supone que se habrá consumido el líquido y el arroz estará hecho peeeero...
Ojo cuidao:
  • En lo referente a la cocción del arroz cada cual depende de su propia experiencia. Los tiempos que he dado son meramente orientativos. Sin embargo sí puedo dar algunos consejos al respecto:
  • Si faltan unos minutos y crees que se va a quedar seco pero no estás seguro, es que vas bien de líquido. Los novatos podemos ser bastante histéricos con esto y lo normal es que nos pasemos de caldo y se nos pase el arroz.
  • Si no tienes más remedio que añadir líquido (caldo o, como en este caso, agua) porque ves que se te ha quedado seco y aún faltan unos minutos para que el arroz alcance su punto de cocción, añádelo caliente.
  • Si ves, en cambio, que llegas a los 20 minutos y queda demasiado líquido (normalmente porque la has fastidiado en segundo punto) métele caña al fuego para que evapore más rápido
  • Parece difícil pero no lo es tanto, solamente hace falta práctica.
  • Para medir el agua necesaria van muy bien las jarras medidoras. La norma general es por cada medida de arroz dos de agua. 
  • Antes de poner a asar el tomate de la salmorreta le haces un corte en forma de cruz si no quieres encontrarte con el interior del microondas estucado con un bonito gotelé rojo.
  • Manteniendo como base la salmorreta, en esta receta puedes variar los ingredientes casi hasta el infinito: embutido de cualquier tipo, costillitas, bacalao, verduras, sepia, chipirones, pulpitos... Si los ingredientes son buenos, siempre sale bien.
  • Y si perseveras y no te olvidas, cada noche, de decir tus oraciones a Baco y Deméter, un día, en el fondo de tu arroz encontrarás un poco del mítico socarrat. Pero del socarrat hablaremos en profundidad cuando hagamos una paella.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Solomillo de cerdo en escabeche.


Hasta el cocinillas más extremo tiene días de bajón en los que cuando llega la hora de cenar se dice: joder, hoy no me apetece nada meterme en la cocina. Las personas normales cogen una pizza precocinada, la meten al horno o peor, al microondas y no se calientan más la cabeza. Bueno, es una opción, pero un cocinillas no es un verdadero cocinillas si deja entrar en su casa alimentos precocinados. Un cocinillas como es debido, tiene en la nevera platos como el que vamos a cocinar hoy para solventar estas situaciones.


Hoy nos vamos a marcar un solomillo en escabeche y me gustaría dedicarle esta receta a uno de los cocineros más jrandes que ha dado esta fecunda tierra: Falsarius Chef, el único tío en el mundo que ha tenido los santos cojones, con perdón, de escabechar unos mejillones en escabeche. Chúpate esa, Ferrán Adriá. En un mundo en el que cada día proliferan cocineros estrella de rictus serio, culo prieto y encantados de haberse conocido, Falsarius es un soplo de aire fresco con su nariz de pega, su estilo cachondo y sus recetas impostoras. Que ojo, no digo que esos cocineros tan serios no sean unos grandes profesionales capaces de hacerte llorar de placer con unas simples verduras salteadas, digo que también viene bien echarse unas risas de vez en cuando. Y no hay risas más sanas que las que te echas riéndote de ti mismo.

Pero vamos con el solomillo que me disperso.

Necesitaremos:
  • Dos solomillos de cerdo.
  • Una cebolla mediana.
  • Medio puerro.
  • Dos zanahorias.
  • Una cucharada sopera de pimienta negra en grano.
  • Una hoja de laurel.
  • Cuatro dientes de ajo limpios y sin pelar.
  • Una pizca de canela molida (como la puntita de una cucharilla de café).
  • 100 ml. de aceite de oliva.
  • 150 ml. de vinagre.
  • 300 ml. de vino blanco.

Vamos con la elaboración:
  • Vertemos el aceite en una cazuela baja y doramos los solomillos salpimentados junto con los dientes de ajo. Si son demasiado grandes los podemos cortar por la mitad. Mientras tanto
  • Cortamos la cebolla en juliana no demasiado fina y el puerro y la zanahoria (previamente pelada) en rodajas.
  • Cuando se hayan dorado los solomillos los retiramos, reservamos y en el mismo aceite pochamos las verduras a fuego suave evitando en todo momento que se nos quemen y que se sobrecaliente el aceite.
  • Cuando las verduras están listas volvemos a meter en la cazuela los solomillos y añadimos el vinagre, el vino blanco, la pimienta, el laurel y la pizca de canela.
  • Dejamos que se cocinen a fuego lento durante una hora con la cazuela tapada dándoles la vuelta de vez en cuando si el escabeche no los cubre.
  • Los dejamos enfriar y los guardamos en la nevera dentro de un recipiente hermético o bien los podemos trocear, guardar en frascos y esterilizarlos para conservarlos más tiempo.

Ojo cuidao:
  • El tiempo de cocción puede ser mayor dependiendo del grosor de los solomillos.
  • Esta receta también queda bien, y más barata, con piezas de lomo.
  • Si vamos a guardar el solomillo como conserva, necesitaremos más escabeche para que el líquido cubra la carne en los frascos. Para ello sencillamente aumentamos en proporción el vinagre, el vino y en menor medida el aceite. Si ponemos mucho más líquido también pondremos más ajos, cebolla, zanahoria, pimienta y canela. Eso a ojímetro.
  • La plenitud de sabor de esta receta se alcanza dos días después de cocinarla, por lo que no es recomendable consumirla el mismo día que se cocina. Que no pasa nada, que está buena, pero si esperamos mejor. 
  • ¿Que se ha acabado el solomillo y todavía queda escabeche y te da lástima tirarlo porque te ha quedado muy rico? No hay problema, ese escabeche va muy bien para aliñar ensaladas.
  • La de la foto es una mayonesa tuneada con ajo en polvo y la verdad es que le iba muy bien al solomillo.
  • La Ley del Vino de Cocinar (así, todo en mayúsculas): no uses para cocinar un vino que no te beberías.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Mayonesa, la navaja suiza de las salsas.


La humilde mayonesa (o mahonesa) es la más versatil de las salsas emulsionadas. La podemos usar en crudo para acompañar multitud de platos o como ingrediente en una ensaladilla rusa. También la podemos cocinar, por ejemplo napando y gratinando un pescado o incluso de formas todavía más sorprendentes, algunas de las cuales veremos por aquí. Partiendo de la mayonesa básica podemos obtener multitud de salsas derivadas. Le podemos añadir azafrán, pimentón, curry, mostaza, miel, aromatizarla con hierbas frescas, etc. También podemos añadirle un diente de ajo y sustituir, guardando el debido respeto, al mítico y laborioso all i oli. Incluso, por aquello del colesterol, podemos prescindir del huevo y usar leche en proporción 1-2 (una parte de leche para dos de aceite). Aunque, seamos serios, ¿cuánto colesterol tiene un solo huevo? La mayonesa no es una salsa de diario, con todo ese aceite, pero qué carallo, para una vez que la hacemos, hagámosla con huevo que queda más rica y con una textura muchísimo más suave. En mi opinión eso de la leche solamente tiene explicación en caso de alergias o si no podemos conseguir huevos frescos de confianza.

La elaboración de la mayonesa está rodeada de supersticiones. Si preguntamos a nuestras madres o nuestras abuelas nos contarán que una mujer no puede hacer mayonesa si está en “esos días del mes”, que la mayonesa se corta si cuando la estás cocinando hay en la habitación un hombre tocándose, con perdón, los cojones... Tonterías. La mayonesa es facilísima de preparar y siguiendo unos sencillos pasos sale nueve de cada diez veces (sí, a veces se corta, qué le vamos a hacer). Para hacer una mayonesa básica

Necesitaremos:
  • Un huevo fresco.
  • 200 ml. de aceite vegetal.
  • Sal.
  • Un chorrito de vinagre o zumo de limón.
Vamos con la elaboración:
  • Ponemos todos los ingredientes en el vaso de la batidora.
  • Metemos la batidora en el vaso hasta llegar al fondo.
  • Ponemos en marcha la batidora a velocidad máxima y la mantenemos en el fondo hasta que empiece a emulsionar.
  • Cuando la emulsión se para quedando solamente el aceite de la superficie levantamos la batidora poco a poco y con movimientos rítmicos y suaves de arriba abajo vamos completando la emulsión del resto del aceite.
Ojo cuidao:

  • Es importante que los ingredientes estén a temperatura ambiente.
  • Es importante que tanto el vaso como la batidora estén bien secos.
  • El aceite puede ser de oliva, de girasol e incluso de maíz. Yo utilizo mitad y mitad de girasol y oliva.
  • Si la vamos a consumir en crudo, el huevo que utilicemos debe ser fresquísimo y de toda confianza o nos arriesgmos a una contaminación por salmonella. Nosotros utilizamos huevos recién puestos pero no todo el mundo tiene acceso a ellos. 
  • Si vamos a utilizar la mayonesa para cocinar, por ejemplo para gratinar un pescado, con que el huevo no esté caducado es suficiente, el problema de la salmonella es con el huevo crudo. De todas formas, cuanto más fresco sea el huevo más sencillo resultará emulsionar el aceite.
  • En nuestra entrada de trucos puedes aprender a pasteurizar huevos en casa y poder utilizarlos con tranquilidad en cualquier receta que tenga entre sus ingredientes el huevo crudo.
Tuning:
  • Para hacer una mayonesa de ajo (siento un odio atávico e irracional por la palabra "ajonesa", así que me niego a usarla), se pone el ajo fileteado al principio junto con el resto de los ingredientes. También podemos conseguirla añadiendo ajo en polvo a una mayonesa normal que tengamos hecha. Queda bien pero no queda igual.
  • Si vamos a tunear la mayonesa con ingredientes líquidos procuraremos partir de una salsa lo más firme posible para que no se nos venga abajo la emulsión.
  • Para mayonesas de mostaza, al curry o con miel haremos la mayonesa básica y luego, mezclando a mano integraremos el último ingrediente.
  • Para la mayonesa de azafrán, mejor azafrán en polvo. Si solamente tenemos en hebras actuaremos como con la mayonesa de ajo y lo pondremos al principio.
  • Si quieres proponer otro tuning que no se haya mencionado aquí, puedes contárnoslo en los comentarios, estás en tu casa.

viernes, 26 de septiembre de 2014

La zurrukutuna.

Las sopas de ajo son una buena introducción a los platos de cuchara para los cocinillas inexpertos. Ingredientes sencillos, elaboración fácil y rápida y resultados deliciosos. Esto nos dará moral suficiente para meternos con guisotes más elaborados que, para qué nos vamos a engañar, tampoco es que tengan mucho misterio. Pero cada cosa a su tiempo.

Un vaso de buen vino tinto es el acompañamiento ideal para esta receta. ¿Quién dijo frío?

La sopa de ajo es una receta de aquí te pillo aquí te mato: en cosa de cinco minutos tienes una sopa de ajo básica que te te soluciona la comida en un día frío. Luego hay variantes deliciosas como la sopa castellana, pero hoy traemos la que para mí es la sopa de ajo definitiva: la zurrukutuna. La zurrukutuna, como su nombre indica es una receta vasca y como no podría ser de otra manera (o sí), su ingrediente estrella es el bacalao. Vamos con ello:

Necesitaremos:
  • 500 ml. de caldo de pollo.
  • 100 g. de bacalao desmigado y desalado.
  • Aceite de oliva.
  • Pan del día anterior.
  • Un pimiento choricero o una ñora.
  • Una cucharadita (de las de café) de pimentón.
  • Tres o cuatro dientes de ajo.
  • Una guindilla seca (yo le pongo de cayena que son las que tengo).
  • Un par de huevos.
Y ahora la elaboración por pasos:
  • Ponemos a hidratar el pimiento choricero en agua tibia y cuando esté hidratado, con un cuchillo y paciencia le sacamos la carne desechando la piel y las pepitas. Reservamos
  • Cortamos el pan en rodajas y lo tostamos ligeramente en el horno. Reservamos.
  • Aplastamos ligeramente los dientes de ajo, los pelamos y los ponemos a dorar con un chorro generoso de aceite de oliva en una cazuela plana o una sartén grande.
  • Añadimos la guindilla.
  • Cuando los ajos estén dorados los retiramos. 
  • Retiramos la guindilla (si te gustan las emociones fuertes puedes dejar la guindilla, allá tú)
  • En el aceite aromatizado por el ajo y la guindilla ponemos el pan desmigándolo con las manos, el pimentón, el bacalao y finalmente el caldo.
  • Volvemos a meter los ajos en el guiso y también la carne del pimiento choricero.
  • Dejamos cocinar a fuego lento durante 15-20 minutos removiendo y rompiendo el pan.
  • Seguimos removiendo un poquito más.
  • Cuando queden un par de minutos escalfamos los huevos en la misma sopa y una vez escalfados ya la podemos servir.
Ojo cuidao.
  • ¿Por qué aplasto los ajos en vez de filetearlos? Porque así es más fácil controlarlos y evitar que se quemen.
  • ¿A qué viene tanto meter y sacar los ajos? Muy sencillo, para evitar que se quemen. No me cansaré de insistir. Si eres un aspirante a cocinillas harás bien en grabarte esto a fuego en el libro de recetas de tu mollera: si se te queman los ajos la has jodido, ya puedes tirar el guiso.
  • Con el pimentón, tres cuartos de lo mismo: si se quema adiós receta. Por eso, aunque es conveniente cocinarlo un poco antes de añadir el caldo, debe ser muy rápido porque el pimentón se quema en seguida.
  • ¿Caldo de pollo en una receta de bacalao? Sí, caldo de pollo, qué pasa, ¿o es que vas a venir tú ahora a corregir al tito Karlos?
  • ¿Qué es escalfar? Escalfar es hervir un huevo sin cáscara dejando la yema líquida. Para escalfar un huevo lo cascamos con cuidado y actuamos como si lo fueramos a freír pero en vez de usar aceite los sumergimos en agua hirviendo o, como  en este caso, en sopa.